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La ‘revolución’ se sostiene en subsidios y esperanzas PDF Imprimir E-Mail
Escrito por MARÍA ALEJANDRA TORRES/El Universo   
domingo, 13 de enero de 2008
Los adeptos de la  revolución ciudadana del Gobierno, estructurada en cinco ejes,  la apoyan por ideología, por esperanza  o por conseguir subsidios estatales.


El 50,4%  de la población no sabe qué es la revolución, según sondeo de Perfiles de Opinión en Quito y Guayaquil

A punto de cumplir un año, el 25% del periodo democrático para el cual Rafael Correa fue elegido, la llamada revolución ciudadana, el eje y proyecto político del régimen, suma adeptos en dos vías: por convicción y por las ofertas (bonos y subsidios).  En el 2007 se dedicaron $ 3.229 millones a subsidios, este año serán  $ 3.909 millones.


El presidente Correa habló con Diario EL UNIVERSO. Cree que el 2008 será un gran año y anuncia que cumplirá su mandato, así pierda  en el referéndum.

Con los nervios de una estudiante de colegio que va a conocer sus notas de grado, pero con la responsabilidad de sostener un hogar. Con  evidente angustia y una impaciencia en ebullición, Mariana Quintero busca su nombre en la cartelera de corcho  entre decenas y decenas.

Son  134  dirigentes de la parroquia Febres Cordero solo en su hoja. 
¡Ahí está! La número 80 de la lista.

Quintero, casi al borde de la euforia, no puede alegrarse más  al ver su calificación: ¡100 sobre 100! No es que haya aprobado alguna materia o un curso, no.

Contrario a lo que  parece, la cartelera de corcho no está precisamente en un plantel, sino rodeada de banderas y carteles de un sonriente Rafael Correa,  en la  central de Acuerdo PAIS, en Esmeraldas y Gómez Rendón.

Luego de meses y meses de trabajo a favor del Gobierno, ese “100 sobre 100”, cuenta Quintero, le permitirá  –a ella y a quienes obtengan más de 70 puntos– acceder a un contrato  en el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). “Es un trabajo por ocho meses y un sueldo de $ 500 si le toca en Guayas o $ 650 si sale de la provincia. El 15 de enero llaman  para otra prueba”, relata la mujer –fichada en los registros de PAIS como parte de la zona 272–  que rindió ese examen en la Universidad de Guayaquil, en diciembre.

El lunes, los dirigentes de PAIS de la Tarqui; el martes, los de la Febres Cordero; y así... “Fue una semana. Un día para cada parroquia. Solo de la Ximena fuimos 300”, cuenta otra líder barrial que pide la reserva.

Ella, al igual que Quintero, cree en el régimen y en su llamada revolución ciudadana, el eje y proyecto político del Gobierno que este martes cumple su primer  año de ejecución.

“La victoria de los pobres”, “el pueblo al poder”, “los beneficios para los sectores populares”, “los derechos del ciudadano común”, “la derrota de la partidocracia”, “el castigo para los ricos”, “el retorno de la patria”...

Con diferentes tonos y concepciones, los adeptos describen  la revolución. Y las  definiciones en  las voces de los ciudadanos en las calles  –desde los jóvenes hasta  los jubilados, amas de casa o profesionales– son  tan  exhaustivas como dispares.

Mientras unos hablan desde su convicción política –y dejan colar su fascinación por  Alfaro, el Che  Guevara o la receta ecuatoriana de la “revolución bolivariana”–, otros se limitan a las acciones. Karen Guillén y Marcia Macías dan cuenta de ello.

No tienen las comodidades que quisieran, pero aquella  revolución  les  cumplirá una de sus aspiraciones: tener casa propia en terreno propio, gracias a la legalización que –refieren– iniciará el Instituto Nacional de Desarrollo Agrario (INDA) en predios que cederá la entidad.

Guillén y Macías, como decenas de simpatizantes del movimiento oficial,  se acomodan por estos días en los terrenos ubicados al  sur de El Recreo, en  Durán. Si bien hay quienes habitan ahí de manera informal desde hace más de una década, también hay quienes llegan al apuro  desde otros puntos de la ciudad –incluso de Guayaquil– para, tras un diálogo con los dirigentes, ser admitidos en la  conformación de  nuevas cooperativas. La última: Nuevo Horizonte 2.

“Tenemos que tener listo todo hasta el 28 que viene el INDA a  censarnos  para dar  las escrituras y poder acceder al bono de la vivienda. Creemos en esta revolución ciudadana porque los  que llegamos aquí hace años fuimos engañados y hoy el Gobierno está haciendo justicia al legalizarnos y no cobrar nada”, dice el dirigente Abraham Granado.

Con una camiseta  que pierde  el rostro  de Correa entre  las manchas de grasa que le deja su labor de mecánico, Miguel Mieles repite el discurso de otros tantos seguidores. Le dice “compañero” al Mandatario, habla  con reiteración de la “mala prensa” y defiende la revolución que, para él, es “el triunfo del pobre para desaparecer al rico y  que el reparto sea equitativo”.

Mieles mantuvo abierta  una central de PAIS en la manzana 304 de El Recreo y hoy agradece que dos de sus hijos  (Xavier y Ramón) puedan levantar sus viviendas en los predios que –confía– legalizará el régimen. “Por eso aquí todos   vamos  el 19   a la marcha del Gobierno. Estamos agradecidos, ¿verdad, compañeros?”, pregunta mientras el resto apuntala sus casas con cañas.

Todo empieza, de manera oficial,  el 15 de mayo del 2006. Correa, aún  precandidato, presenta un plan de gobierno marcado por  una oferta  principal: la revolución ciudadana. Son  cinco sus  ejes programáticos: la ‘Revolución constitucional’, la ‘Revolución  contra la corrupción’, la ‘Revolución en educación y salud’ y la ‘Revolución por la integración latinoamericana’.

Según  Betty Amores, asambleísta, secretaria de Correa “de toda la vida” y subdirectora nacional de PAIS, estos  cinco ejes  “son los que enhebran toda la propuesta del plan que está ejecutando la Secretaría Nacional de Planificación (Senplades)”.

Fander Falconí, a cargo de ese organismo,   lanza su propia  definición, aunque habla de un trabajo a largo plazo. “Es el proceso de transformación del Estado teniendo como base   un nuevo modelo de desarrollo con principios de justicia y equidad”.

Pero uno de los andamios de esta revolución –término descrito por la Real Academia de la Lengua como un “cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación” o  “cambio rápido y profundo”– es la  práctica populista, opina  el analista  Simón Pachano,  catedrático de la Flacso.

Cifras oficiales dan una muestra de ello. Solo en el 2007, el Estado destinó $ 3.229 millones para subsidios y para el 2008 proyecta $ 3.909 millones, los montos más altos en los últimos cinco años, según datos del propio Ministerio de Economía.

En el 2003, este  rubro llegaba a $ 916 millones; de ahí subió   a $ 1.206 millones (2004), $ 1.825 millones (2005) y $ 1.900 millones (2006). En apenas un año, el actual régimen casi duplicó las subvenciones hasta llegar prácticamente al 40% del presupuesto consolidado del Estado.     

La cifra incluso sube al añadir  los bonos de la vivienda que el Ministerio no contabiliza como subsidios ($ 180 millones en el 2007), aunque sí lo hace, por ejemplo, con el bono de desarrollo. Además, se  han destinado más de $ 500 millones a emergencias dictadas vía decreto.

“Los subsidios que van directamente a las personas, como los bonos,  sí tienen un papel político, pero  me parece que el apoyo que logra  Correa, más que por  la revolución ciudadana, obedece a la insatisfacción de la gente con la política que se ha venido haciendo hasta el momento, aunque el Gobierno ha hecho lo mismo que los partidos, pero   con un discurso crítico hacia ellos”, opina Pachano.
 
Para él, los precios del petróleo (que llegó a $ 100 el barril) explican    en gran medida el apoyo. “El Gobierno logra cohesionar una base por medios clientelares, al haber conformado redes manejadas por  los hermanos (Ricardo y Raúl) Patiño”.

Aunque la analista y editorialista Carol Murillo, catedrática de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), asegura  “no descartar” la existencia de estas prácticas políticas tradicionales, muestra una visión más. “El Gobierno tiene pocas cosas con las cuales defenderse, a más de eso. Para su desgracia, recurre a ciertas prácticas anteriores, pero hace esfuerzos. No es fácil”.  Es decir, ¿el fin justifica los medios? Prefiere no caer en definiciones maquiavélicas.

También hay seguidores como Silvia Delgado, una mujer desempleada   que reside en una casa de caña en Lomas de la Florida. La situación de su familia no ha cambiado en términos económicos, pero aun así ella y su esposo –también sin trabajo formal– trabajaron “desinteresadamente” en la campaña de PAIS porque dicen creer que  su revolución algún día mostrará sus frutos. “Gastábamos luz y hasta poníamos comida porque afiliábamos a la gente”, cuenta.

Cerca de ahí, en la cooperativa Balerio Estacio, una historia con otros contrastes.  María Sánchez, embarazada de su quinta hija, se asoma al balcón “decorado” con un afiche de Correa para decir que apoya el cambio, sí, pero ella –empleada de una familia “pelucona” de Urdesa, donde gana $ 250 al  mes– cree que  no debe incentivar más  odio entre los pobres, una  característica que ve en esta  revolución.

“Donde trabajo me tratan  bien y me voy a las dos de la tarde por mis niñas. Aunque por mi embarazo ya no he ido, igual me mandan el sueldo”, comenta.  

Son las historias de los adeptos a la revolución. Unos convencidos del proyecto político. Otros seducidos por las ofertas. Como dos caras de una moneda lanzada al aire que aún, un año después,  no toca piso para ver qué bando le gana terreno al otro.

Comentarios (1)Add Comment
Populismo
escrito por Libertario, marzo 18, 2008
Correa no es mas que un populista con un excelente departamento de marketing.

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