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Foro Democratico

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Sep 08th
LA PELOTA PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Camila Lanusse   
viernes, 21 de septiembre de 2007

En repetidas ocasiones el presidente Rafael Correa ha dicho que en caso de que su partido no logre una mayoría en la asamblea,  renunciará a su cargo. Esta declaración, aunque les parezca raro, trae a mi memoria los juegos de fútbol de la escuela. Al salir al ansiado recreo, uno de los compañeros traía la pelota y por ser el dueño de la pelota, este niño que usualmente era el mismo, tenía ciertas prerrogativas.

Escogía los integrantes del equipo con quien él jugaría, el lado de la cancha del cual colocaría su arco y además, durante el desarrollo del partido, decidía si habían faltas, saques, tiros de esquina o libres y demás. Normalmente, su equipo ganaba y los que jugábamos en el otro equipo, pese a las ventajas que él tenía, no protestábamos mucho ya que al siguiente recreo simplemente no jugábamos. Alguna vez, sucedía lo increíble, el equipo del dueño de la pelota no lograba hacer los goles y el equipo contrario lo conseguía. En ese momento, el dueño de la pelota paraba el partido, agarraba el balón y se iba. Era impensable perder, era preferible no jugar…..

Tengo la impresión de que el señor presidente se cree el niño dueño de la pelota.  El proceso de elección para la asamblea se desarrolla con sus condiciones y reglas. Él ha escogido quien es bueno y quien es malo (curiosamente, su gran aliado es el partido político que ha destrozado la educación primaria y secundaria de nuestro país), quien sirve y quien no. Además, la forma en la cual cada candidato hace campaña (lo cual le ha beneficiado en forma abrumadora e ilegítima), donde se instalará la asamblea y sobre todo, gracias a que el arbitro electoral también es parte de su equipo y a su inmensa capacidad para el insulto y la grosería, quien comete faltas y cuando hay que sancionarlas.

Al señor presidente le resulta inconcebible ser un actor de la democracia (seguramente el mas importante) sin tener un control absoluto del escenario donde esta se desarrolla y de sus actores. Esta conducta, para comenzar, pretende chantajear al electorado; si no gano me voy y vean como se las arreglan. Es antidemocrática ya que por una parte, niega la posibilidad de entenderse con los otros actores y consensuar sobre tesis beneficiosas para el Ecuador aunque provengan de personas opuestas a su régimen y por otra, no está dispuesto a competir para sacar sus tesis adelante en un foro en el cual no tenga ventajas.

Pero, lo que mas preocupa, es que esta actitud demuestra dos cosas:

 

Que, en realidad, estamos en camino a un sistema de gobierno no democrático, autoritario, con concentración de poderes donde será imposible discrepar y que, el señor presidente, no entiende lo que él mismo representa y cual es el mandato que se le ha entregado. Él no debe amenazar con renunciar, no es tan fácil, fue electo por una gran mayoría de ecuatorianos que confiamos en él y que creímos en su mensaje de cambio, honestidad y justicia social. No aceptamos que por un posible revés electoral, al mas puro estilo del niño dueño de la pelota, pretenda dar por terminado el partido, esta actitud es irresponsable e inmadura.

Señor presidente, usted no es el dueño de la pelota, si así lo cree está perdido. La pelota le fue encargada por los ciudadanos para que, por sus aparentes capacidades, usted plantee un partido con equipos equilibrados, con reglas claras, sin árbitro propio y sin violencia en la cancha. Usted debe devolver esa pelota intacta, inclusive en mejores condiciones, para que nueva gente pueda jugar en un mejor escenario y con mejores condiciones. Su actitud, con esta amenaza, es la misma que el del niño dueño de la pelota; como no gano, nadie juega. Le recuerdo que este niño mimado, que armaba berrinches cuando no ganaba, no era precisamente el mas querido y que siempre que se daba la vuelta al alejarse de la cancha llevándose la pelota, todos, incluidos los miembros de su equipo, nos quedábamos muy frustrados y  deseosos de que alguien mas traiga una pelota para no tener que jugar con él.

 

 

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