Sostiene Xavier Lasso en su editorial titulado "Comparación ridícula", que tenemos a Chávez metido hasta en la sopa sin comprender lo que en realidad sucede en las sociedad venezolana.
No se si "lo que en realidad sucede" sea posible conocerlo, por ejemplo, a través de datos como los que presenta el Instituto Nacional de Estadísticas, INE, de Venezuela, pero de algo servirá saber que, durante el gobierno del Coronel, el porcentaje de personas en situación de pobreza se ha incrementado en un 10%, y de algo servirá saber también que, al conocer este resultado del estudio del INE, Chávez replicó acusando al Instituto de calcular la pobreza de forma neoliberal en un país que es socialista.
¡Que tal!
Se sostiene además en el mencionado editorial que es muy poco lo que
los medios informan sobre lo que Venezuela está construyendo, que
únicamente hacen referencia a lo de la reforma constitucional orientada
a quedarse indefinidamente en el poder. ¿Será que le parece poco, a
Xavier Lasso, que aparte de concentrar todos los poderes, Chávez
pretenda, cual otro comandantenjefe, quedarse indefinidamente en el
poder? Se estima que Chávez ha regalado cerca de 140 mil millones de
dólares. Lo suficiente para devolverle a cada venezolano 6000 dólares:
algo que supera con creces el ingreso anual del venezolano medio. Cabe
preguntarse, por otra parte, si acaso la generosa “mano tendida” de
Chávez a la Argentina, incluirá la maleta con casi 800.000 dólares
confiscada a Guido Antonini, quien llegó a Buenos Aires en un avión
fletado por la Empresa Estatal Argentina de Energía (ENARSA), como
parte de una “avanzadilla” para la visita que dos días después hizo a
la Argentina el presidente Chávez, quien poco después reaccionó a las
preguntas sobre la maleta, argumentando que "los medios son un problema
para la humanidad” y echándoles la culpa –cuando no- a la CIA y al
imperialismo.
Si se sabe, además, de los programas de asistencia social que
desarrolla el régimen de Chávez. Y lo que también se sabe es que el
Estado venezolano no podrá adoptar y mantener por siempre y para
siempre a los millones de pobres, cuya situación y número las políticas
populistas tienden, como se sabe, a perpetuar e incrementar.
Pero es que no es cierto el supuesto complot mediático para "ocultar"
lo que "realmente" está haciendo Chávez y sus amigos en Venezuela. No
parece muy sensato suponer que los medios de comunicación oculten las
maravillas, los profundos cambios que estaría haciendo el pueblo
venezolano conducido por su bolivariano líder. A no ser que se parta
del prejuicio, bastante extendido por cierto, de que los medios son
unas entidades perversas, controladas por el imperialismo. ¿Será? ¿No
cabe, al menos, suponer también la hipótesis contraria, esto es, que se
trate de un cuento, un enorme cuento que, desafortunadamente, muchos
tragan? y del que, además, no hay ninguna evidencia, sólo presunciones.
¿Se ha reducido la pobreza en Venezuela en una escala significativa, al
menos como en el Chile de la Concertación? Lo cierto es que la paranoia
antinorteamericana le ofrece a Chávez coartadas para cualquier cosa.
Sólo al Presidente venezolano se le pudo haber ocurrido, por ejemplo,
sostener, al ver descubierto el affaire de la valija con los 800 mil
dólares, que "los medios son un problema para la humanidad". Debe
suponer que la humanidad entera padece socialismo del siglo XXI. Al
contrario de lo que suponen los defensores de la teoría del mediático
complot, es mucha la información seria y objetiva sobre lo que ocurre
realmente en Venezuela vs. los cacareos del Coronel. National
Geographic presentó hace dos o tres meses un amplio reportaje sobre la
Venezuela chavista y lo mismo hizo Pablo Corral en el diario "El
Comercio", para sólo citar dos ejemplos de muy buena calidad. Pero
además están los análisis de la propia izquierda venezolana opuesta al
chavismo y muy bien representada por Teodoro Petkov. ¿Por qué el pueblo
venezolano le aguanta al Chávez? ¡Fácil! Por las mismas razones por las
cuales los alemanes le aguantaron a Hitler, los Italianos a
Mussolini y los cubanos a Castro: una enorme, persistente y sistemática
propaganda; una demagogia que, como caballería desbocada, empuja y
arrasa con todo y una maquinaria represiva omnipresente que impone el
miedo y el silencio.
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